lunes, 21 de diciembre de 2009

El gladiador

Esta historia ocurrió alrededor del 1900, cuando sólo los más intrépidos osaban hacerle frente a las hostilidades de aquella tierra salvaje.


Iban cinco compañeros navegando por uno de los fríos lagos de la cordillera Santa Cruceña y hacía varios días que venian viajando por regiónes desconocidas, quién sabría con qué o quién se encontrarían en esos lugares plagados por mitos y leyendas.


Hacia el atardecer se levantó un fuerte viento (para los que no sepan, un fuerte viento allí normalmente supera los 100 km/h) y con la frágil balsa que habían improvisado no parecía muy sabio desafiar al lago enfurecido. Con la adrenalina corriendole por las venas y con el consatante pensamiento, casi como un susurro en la nuca, de que una de esas olas heladas se los tragaría, lograron acercar la balsa a la costa rocosa. Acamparon a las orillas del lago esperando a que se calme el viento.


A la mañana siguiente con la luz del día cada uno se asombraba de la cara de sus compañeros, sucia, curtida por ya ahora semanas de sol, viento y frío (especialmente viento y frío). Cuando vieron que el temporal no les daría truega fueron bordeando la costa. Al segundo día de travesía a pie se encontraron con un tramo que tendrían que caminar entre rocas al pie de una gran montaña.


Uno de los viajantes iba caminando con ligereza y se adelantó bastante al resto; elección poco sabia. Al terminar de subir una gran roca se encontró con una leona flaca y hambrienta, aunque era de gran tamaño. Se notaba que lo había olfateado de lejos porque estaba agazapada y lista para saltar sobre él. Paralizado al principio por la impresión y al otro instante por el recuerdo de lo que había oído acerca del puma: nunca ataca al hombre si no lo provoca. Asique con su mirada fija en la leona se quedó quieto. Lentamente sin sacarle la vista de encima deslizaba su mano hasta el revólver, pero por el frío o la impresión no lo sacó. En un reflejo bajó su mirada al revólver y entonces en un salto el puma lo volteó tratando de clavarle los colmillos. En esa feroz lucha la fuerza descomunal de la bestia dejó al hombre de espaldas al suelo. En su desesperación enlazó sus piernas al cuerpo y sus brazos al cuello, tratando de desviar los mordizcos.


En ese momento llegó uno de sus compañeros corriendo por el sonido de "la batalla". Las patas traseras le desgarraban el vientre y las delanteras estaban clavadas en sus homóplatos y él le trataba de morder el hocico, su parte más sensible. Allí fue donde su compañero le salvó la vida con un tiro de escopeta en la oreja de la fiera, cuidando que no entre en sus convulsiones finales abrazada al hombre, lo que lo habría liquidado.


El gladiador se levantó a duras penas con la ayuda de su compañero. Destrozado y al borde del desmayo tenía el aire de quién le ha sido perdonada la vida. En su barrio eran conocidas sus aventuras, la piel de puma que adornaba su living y esas horribles cicatrices que lo preseguirían toda su vida.


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This story took place around 1900, when only the bravest dared face the hostilities of that wilderness.


Five companions went surfing one of the cold mountain lakes of Santa Cruz. They had already been traveling through unknown territory, and who could know what lay ahead in those places full of myths and legends.


Towards evening a strong wind rose (for those who do not know, a strong wind over there usually exceeds 100 km/h) and with the fragile makeshift raft they had improvised it didn´t seem very wise to venture out on the raging lake. With the adrenaline running through their veins, and the constant thought, almost like a whisper in the neck, that one of those freezing waves would swallow them, they managed to bring the raft to the rocky coast. They decided to camp on the shores of the lake and wait for the wind to change.


The next morning with daylight, each was amazed at the face of his companions, dirty, and exposed from weeks of sun, wind and cold (especially wind and cold). When they saw that the storm continued they went along the coast. On the second day of hiking on foot they came across a section they would have to climb rocks at the foot of a mountain.


One of the travelers who was walking quickly reached ahead of the rest; an unwise choice. When he finished climbing a big rock he found a very large, thin and hungry lioness. You could see that it had scented him from afar because it was crouched and ready to pounce on him. Stunned by what he saw and the next moment of what he had heard about the puma: it never attacks man if it isn´t threatened. So with his eyes fixed on the lioness he stayed still. Slowly, with his eyes on the puma, he slid his hand down to his gun. Because of the cold in his hands or the shock he didn´t reach it. As a reflex he lowered his gaze to the gun and then the animal jumped and threw the man to the ground. In this fierce battle the huge force of the beast left the man on his back. In desperation he clasped his legs to the body and his arms around its neck, trying to avoid his bites.


At that moment one of his companions came running because he had heard the sound of "the battle". The hind legs tore his belly and the front were driven into his shoulder blades and he tried to bite his nose, it´s most sensitive part. That´s when his partner saved his life with a shotgun blast in the ear of the beast, taking care it didn´t enter its final convulsions hugging the man, which would have finished him off.


The gladiator could barely rise with the help of his teammate. Shattered and on the verge of fainting he had the looks of whom his life has been forgiven. He was known in his neighborhood for his adventures, the puma skin hanging in his living room and those horrible scars that would haunt him all his life.

2 comentarios:

  1. Siempre me gustó la literatura de aventuras, la de viajes, la épica... me recuerda lo difícil que es ser hombre, buen hombre. Ánimo!!! y gracias por compartirlo con nosotros.

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  2. Gracias a vos por el comentario!! Saludos!

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